Sunday, February 25, 2007

Tunez Dixit Vol. IV


Luego de pasar una larga y tediosa espera en la aduana para que me permitieran entrar, me encontré con la típica bueno-que-carajo-hago-ahora situación de viajero cuando llegas a alguna terminal que no conoces. Como de costumbre la oficina de Turismo estaba cerrada, nunca están cuando uno los necesita. Había decidido quedarme un par de días en Túnez, la capital, así que busqué un hostal en la guía que estuviera dentro del casco antiguo, también conocido como las Medinas. Elegí un albergue de la conocida cadena HI - Hostelling International - popular entre mochileros por ser de los más baratos, con desayuno incluido y más importante aún por ser limpios. También es un buen lugar para conocer a otros mochileros e intercambiar información sobre los lugares que hayamos visitado.

Tomé un taxi en el aeropuerto, el trayecto no es largo y solo cuesta tres dinares (1,2 euros) al centro de la ciudad. El sol picaba fuerte y no me apetecía de movida meterme en un transporte público. Una de las cosas que me sorprendieron a lo largo de todo el viaje fue la poca cantidad de semáforos que hay en la calle. Como en Marruecos, debe ser una constante en los países árabes. O quizás a todo el mundo le guste cruzar por el medio de la autopista poniendo en riesgo su vida, y por ende la mía también, en una de las peores sociedades de conductores que existe en el planeta. El taxi obviamente resultó más caro de lo esperado. Le pagué al chofer dándole a entender que ya conocía el procedimiento. Pero no tenía ganas de pelearme con nadie apenas llegar, solo quería llegar al hostal para dejar la mochila y empezar a recorrer.

El taxi me dejó a unas cuadras de la Porte da France, arco que data del sigo XVI y abre la puerta a un mundo que poco ha cambiado en cientos de años. Dos caminos en direcciones opuestas, rodeados de animados negocios y viejas construcciones dilatadas por el tiempo, sirven como entrada a la Medina. Pregunté como llegar al hostal, nadie parecía conocerlo pero me dijeron que llegaría tomando el camino de la derecha. Este subía recto hacia arriba, dentro del corazón del casco antiguo. Una densa marea de personas dificultaba mi pesada caminata. Los vendedores a puro grito ofrecían sus mercancías, otros se disputaban el precio de un par de babuchas con unos turistas. Las radios encendidas a tope musicalizaban el trayecto hacia el hostal mientras trataba de no tropezar con otros peatones. El camino no resultó tan largo, y por suerte un cartel apostado sobre una pared indicaba el hostal que estaba buscando.

La habitación me costó ocho dinares por noche con desayuno incluido. Me tocó compartirla con un Argelino que estaba de vacaciones en Túnez. En otra habitación dormían tres Senegaleses estudiantes de Informática, y en la última habitación ocupada, una Noruega estudiante de Antropología que estaba en la capital haciendo una práctica sobre el uso de la lengua francesa en Túnez. Ninguno había viajado por el país así que no pude sacarles mucha información. Atef, el simpático y curioso tunecino que atendía el hostal fue el que mejor me aconsejó. Dejé la mochila en la habitación, me puse unas bermudas y salí decidido a aventurarme dentro de la Medina. La Medina cuenta con dos calles principales donde se encuentran los zouqs: los mercados donde turistas y tunecinos se mezclan para hacer las compras. Los turistas generalmente no se mueven mas allá del radio de los zouqs, quizás por temor a perderse en los cientos de callecitas que forman el casco antiguo. Pero lo más lindo es salirse de ese circuito y mezclarse con la gente que todavía vive ahí dentro. Los mercados son más baratos y los cafés más auténticos sirviendo las mejores cachimbas.

La cultura de café está muy desarrollada, gracias a la huella que dejaron sus antiguos colonizadores. En cualquier café de Túnez te vas a encontrar con un gran número de hombres ocupando la mayoría de las mesas. Las mujeres no pueden entrar a ellos, está mal visto y totalmente prohibido, al menos que seas turista. La gran mayoría se la pasan fumando a través de una manguera con forma de serpiente, ésta conectada a una pipa de agua de cristal. Se llaman sheeshas, conocidas también como cachimbas en Marruecos y narguiles en la India. Los sabores abarcan una gran variedad desde frutales como durazno, pera y manzana (mi preferido), y tabacos fuertes y muy amargos que solo ellos pueden fumar. Es bastante adictiva y te deja un dulce sabor en la boca. Se suele acompañarla con un café o con un té de menta. No pasó un sólo día sin que me sentara en algún café al atardecer para descansar, fumar tabaco de manzana y escuchar la ultima llamada al rezo.

En la segunda semana del viaje me tocó vivir y padecer el duro régimen del mes de Ramadán. El horario de la sheesha se tuvo que dilatar para cuando ya caía la noche. Cuando el sol se desmoronaba y teñía el cielo de un tinte anaranjado, un bombazo proveniente de una mezquita señalaba el fin de la jornada de ayuno. Entonces los cafés se animaban más que nunca y encontrar una mesa era más difícil de lo habitual.

Como cada gran ciudad en los países árabes, estas están divididas en las Ville Nouvelle y las Medinas. La Ville Nouvelle de Tunis no tuvo mucho para ofrecer. Un par de catedrales construidas durante la colonización francesa, y un museo, el Bardo, que se caracteriza por tener la mayor cantidad de mosaicos romanos en el mundo. Los romanos no solo sembraron el pánico sobre las pobres aldeas bereberes, sino que también construyeron grandes obras de ingeniería como caminos, acueductos y arenas donde se destaca la Arena del Jema, mejor conservada que el propio Coliseo Romano. El metro que recorre la ciudad es mas bien un tranvía, si bien corre por debajo de la tierra algunos kilómetros en su gran mayoría navega por arriba. Unas cinco líneas se dividen el recorrido. El número cuatro me dejó en la estación cerca del museo del Bardo.

Cuando volví del museo le pregunté a una pareja tunecina la dirección que debía tomar para que me dejara en Av. Republique, en el centro de la ciudad. Me dijeron que estaba del lado correcto del andén y que ellos también se dirigían hacia allá. Me quedé junto a ellos y esperamos a que viniera el metro. Charlamos, haciendo primero las preguntas de rigor y ellos escuchaban sorprendidos el periplo de ciudades que me llevaron hasta Túnez. Nunca habían salido del país y se morían por conocer la Bella Italia, caminar por Vía del Foro y pasear en una góndola por los canales de Venecia. Les comenté que Roma iba a ser la próxima ciudad en la cual me iba a instalar así que los invité a que vinieran a visitarme cuando quisieran.

Los dos son estudiantes, Imtiez de veintitrés estudia Geografía en la Universidad Tecnológica de Túnez y Zaineb, también de veintitrés, estudia Economía en la misma universidad. Hace un año y cuatro meses que salen y se los veía bastante bien juntos. Me invitaron a conocer su Universidad, acepté alegremente y nos bajamos en la siguiente estación. Dimos una vuelta por su Uni y tomamos una coca en un café estudiantil a unas pocas cuadras. Nos comunicábamos en ingles, especialmente Zaineb que lo hablaba realmente bien. Pegamos buena onda y quedamos en vernos al día siguiente para dar una vuelta por la ciudad.

1 comment:

Vivu y Pepe said...

Hola Andy!!!

Soy José. He llegado a este blog a partir del mensaje que dejaste en el nuestro hace unos dias.

El par de post que he leido me han gustado un montón. Dan ganas de ir a visitar Tunez!!!

Bueno, un abrazo y cuidate mucho.

PD- He puesto un enlace a tu blog en el nuestro. Si no quieres que esté ahí solo dimelo y lo quito ...