Thursday, November 23, 2006

Debajo de la Cima


No tengo dudas acerca de mi a cada ratos alienación social. Es bastante normal que llegue al punto de querer desaparecer y meter la cabeza dentro de un agujero, con la esperanza de caer en un mundo "Maravilloso" con criaturas especiales que me guíen por lugares que no conozco. No lo busco de esa manera, nunca tuve problemas en conocer gente nueva y empaparme de su conocimiento. Soy un observador de profesión y un curioso de la ostia. Pero hay momentos en lo que no me siento completamente social, y me transformo en una especie de ermitaño que encuentra su lugar en el mundo en un rinconcito virgen, alejado del resto.

Viajé mucho tiempo solo. Me gusta el desafió de llegar a un paraje desconocido desconociendo lo conocido. Me gusta caminar entre miles de personas y que nadie sepa nada de mí. Me gusta sentir el roce de la gente, la sensación de ser parte de una sociedad X pero al mismo tiempo no involucrarme en ella. Si camino por una calle transitada, trato de mirar a toda la gente que pueda a los ojos. Buscarles en un gesto, una mirada, en su andar, o en algo mas simple como el color de sus ojos, algo que les pueda robar.

Me gusta ver a la gente en un aeropuerto. Es como un mercado de pulgas de sentimientos. La ansiedad, alegría, tristeza, nostalgia, indiferencia; el placer y el dolor, todo concentrado ahí mismo, en un lugar tan frívolo como solo puede llegar a ser un aeropuerto.

Me gusta poner la cámara a un costado del escenario. Me gusta encontrar el ángulo perfecto, el abierto, el que no solo me permite retratar a los que llevan la batuta sino al resto, lo que tiene color y cuerpo. Al que observa y al que se muere por estar ahí.

Estos momentos que me regalo como observador social son los que marcan el camino que deseo recorrer. Solo tengo que estar al ciento por cien atento. Para que cuando algo haga click!, sea como una luz que te tienden al final de un túnel.

1 comment:

caleidoscopica said...

genial... genial caminar por un lugar en donde nadie sabe de ti y tu no sabes nada de ellos. esto me recuerda a un poco que escribí cuando recién llegue a vivir a conce y me dedicaba escribir muchos cuentos, que finalmente era hablar de mi en tercera persona..jajaj
y si es complicado encerrarse en nuestros rincones, a veces parecen tan perfectos, pero no es sano dejar la socialité..
que heavy que viajaste solo, eso lo encuentro muy potente, a mi me cuesta mucho eso de dejar los sitios y la gente que quiero, sufro de una dependecia emocional, aunuq ehay muchos que no saben que dependo de su presencia, a mi me cuesta abandonar, aunque pase mucho tiempo sola... no se me cuesta despegarme..

cariños
chau!